El apego seguro, el mejor legado para nuestros hijos

El apego es un vínculo afectivo especial que se establece entre el bebé y su cuidador. Bowlby , el psicoanalista inglés creador de la teoría de apego,  lo describió como el sistema  adaptativo con base biológica que promueve la proximidad del niño con su madre (o cuidador principal).

Los primeros apegos en la vida son los más importantes, serán la referencia para todas las relaciones futuras. Este apego positivo  se basa en la incondicionalidad, la seguridad de que el cuidador no va a fallar ni a abandonar al bebé y es capaz de proteger, cuidar y ayudar.

Si el vínculo es positivo, les aportará la capacidad de sentirse bien consigo mismo y con los demás, podrán calmarse cuando sientan ansiedad, etc. Sentirán el mundo como un lugar seguro y serán capaces de establecer relaciones con los demás de manera adecuada y sana.

Los niños que presentan un apego seguro han interiorizado  creencias como “soy bueno”,  “soy capaz de conseguirlo”, “merezco ser querido”, “estoy a salvo”.

Tal y como afirma la psicoterapeuta Loretta Cornejo, para funcionar, los niños tienen que sentir primero que confían en el adulto que les cuida, tienen que sentir  la seguridad de que no les van a dañar ni abandonar.

Las bases de nuestra salud física y psicológica y los cimientos de nuestras relaciones de apego  comienzan en el útero de la madre  y continúan formándose durante los primeros 5 años de vida.

 

¿Qué podemos hacer los padres y madres para fomentar un estilo de apego seguro?

Lo primero y más importante es no asustarse por la sensación de responsabilidad que podemos sentir tras leer los párrafos previos.  No somos los únicos responsables para que nuestros hijos desarrollen un apego positivo.  Además de la calidad de nuestros cuidados influyen las características de temperamento del niño (irritabilidad, tendencia al estrés, resiiliencia, etc.).

Por otro lado, debemos tener en cuenta que tanto el niño como la madre están biológicamente preparados para establecer este vínculo de manera innata.

Aún así podemos tener en cuenta ciertos aspectos:

  • Cuando un pareja espera el nacimiento de su futuro hijo es positivo que se pare a sentir y tener conciencia de las emociones que surgen (ilusión, incertidumbre,…)
  • La futura madre puede dedicar unos minutos al día a sentir al bebe y las emociones que en ella esto provoca.
  • Es importante atender al bebé cuando este lo demanda mediante miradas, caricias, hablándole con voz suave… La conexión emocional con él es tan importante como la alimentación.
  • Disfrutar de todas esas primeras veces que vuestro hijo conseguirá hacer algo nuevo como dar sus primeros pasos, decir adiós con la manita, conseguir encajar un pieza en   su lugar, pinchar con el tenedor su comida, ir corriendo a vuestro encuentro cuando os ve, y mil cosas más.
  • Disfrutar de su risa, de su naturalidad.
  • Podemos conectar con esa parte de niños que  aun guardamos y ponernos en el lugar de nuestro de hijo, así podremos empatizar con lo que puede estar sintiendo (miedo, tristeza,…). Lo mejor será atender a las emociones en primer lugar para después abordar el comportamiento a corregir.
  • Conectar con nuestro yo infantil nos ayudará a disfrutar de jugar con nuestros hijos, interesarnos por aquello que nos cuentan con tanto entusiasmo.
  • El lenguaje corporal es tan importante como las palabras; sobre todo cuando nos enfadamos, evitemos transmitir agresividad.  
  • Los límites son necesarios para enseñar a nuestro hijo a respetar la convivencia con los demás,  expliquémosles con paciencia y cariño el motivo de cada uno de ellos.
  • Dar espacio para que desarrollen su autonomía y sentimiento de capacidad dejándoles intentar las cosas y buscar su propia forma de hacer las cosas. Nos asombraremos más de una vez de lo que son capaces y de las mil una maneras en las que se puede llegar al mismo fin.